Llorar… o vender pañuelos

Llorar… o vender pañuelos

“En las crisis tienes dos opciones: llorar… o vender pañuelos.”

Escuché esa frase por allá en el 2011, justo cuando mi curiosidad comenzaba a despertar de verdad. Empezaba a descubrir el marketing digital y, por primera vez, dejé de ver mi mercado como algo local. Ya mi mente comenzaba a pensar en internacional.

En ese momento llegué a Venezuela con la intención de expandir mi negocio inmobiliario. Pero cuando aterricé, entendí rápidamente que el país estaba atravesando una crisis mucho más profunda de lo que imaginaba. Había tensión social, deterioro económico y, sobre todo, un sentimiento colectivo de incertidumbre.

Muchas personas estaban viviendo un proceso de no aceptación frente a un cambio que consideraban negativo. El ambiente se sentía pesado. Había decepción, melancolía y miedo.

Pero lo que más me impactó no fue la división política entre quienes apoyaban a   Chávez y quienes no.

No.

La verdadera división era otra.

Por un lado, estaban aquellos que solo podían ver el problema. Veían una tragedia, una pérdida, una adversidad imposible de superar.

Y por el otro, estaban quienes decían:

“Esta es una gran oportunidad.”“Ahora es que vamos a hacer dinero.”“Ahora es que vamos a construir algo diferente.”“Ahora es que podemos ayudar a otros a entender lo que nosotros sí estamos viendo.”

Ese segundo grupo me llamó profundamente la atención.

Y decidí inclinarme hacia esa mentalidad.

No quise ver mi llegada a Venezuela como la de un oportunista que quería aprovecharse de una crisis. Quise verla como la oportunidad de aportar visión en medio de una mentalidad limitada por el miedo. Y sí, naturalmente, eso también favoreció enormemente mi negocio.

Llegué en 2011. Ya era tarde.

De hecho, llegué justo cuando Chávez anunciaba públicamente su cáncer, en una etapa donde el país ya había avanzado mucho más en su transformación política y económica.

Hice buenos negocios. Muy buenos negocios.

Pero con el tiempo entendí algo importante: había llegado tarde al ciclo.

Y esa lección volvió a aparecer 10 u 11 años después, esta vez en Colombia.

Ahí fue cuando me dije:

“Esta no la voy a dejar pasar.”

En esta ocasión llegué a Colombia con una mentalidad distinta. Más maduro. Con mejores conexiones. Con un capital social más agudo y, sobre todo, con una estabilidad económica mucho más sólida.

Pero mi intención no era solamente hacer dinero.

Mi intención era aportar un cambio de mentalidad en aquellas personas que solo logran ver lo que una mentalidad limitada alcanza a percibir, sin entender que los grandes cambios también traen grandes oportunidades.

Porque los cambios no son buenos ni malos.

Son cambios.

Y dependiendo de cómo los interpretemos, cómo los asumamos y cómo trabajemos en consecuencia, esos cambios pueden convertirse en crecimiento… o en destrucción.

A partir del 2022 empecé a observar con claridad cómo la izquierda tocaba las puertas de la Casa de Nariño. Y el impacto de ese momento político era demasiado fuerte como para ignorarlo.

Muchos me decían:

“No va a pasar.”

Pero yo ya había vivido algo parecido en Venezuela.

Y ahí entendí que existía una enorme oportunidad: presentar a República Dominicana como una alternativa real de inversión, estabilidad y crecimiento, basada no en teorías, sino en experiencias reales de empresarios que ya habían recorrido ese camino.

Veía ejemplos concretos.

Como el de Grupo Velutini, empresarios venezolanos que encontraron en República Dominicana no solamente estabilidad, sino un ecosistema ideal para desarrollar proyectos inmobiliarios icónicos que aportaron empleo, crecimiento económico y transformación urbana.

O proyectos como Vistacana, que demostraron cómo empresarios que inicialmente buscaban refugio terminaron encontrando una oportunidad extraordinaria para construir valor, generar empleos y crear grandes rentabilidades tanto para dominicanos como para extranjeros.

Sí.

Las crisis sí pueden convertirse en oportunidades.

Pero también entendí algo importante:

Mi visión no era única.No me pertenecía exclusivamente a mí.

Simplemente le pertenecía a muy pocos.

A aquellas personas que desarrollan agudeza para invertir.A aquellas personas que no se dejan dominar por el miedo.A aquellas personas que entienden que, en las finanzas y en la inversión, la cabeza debe dominar al corazón.

Porque cuando ocurre al revés, cuando el sentimiento domina la razón, las decisiones financieras suelen terminar en catástrofe.

Y los números terminan validando esta visión.

Más de 1,500 millones de dólares provenientes de Colombia han llegado a República Dominicana desde el año 2023 hasta la fecha, validando exactamente lo que vengo diciendo.

Y esto no es solamente inversión inmobiliaria.

Estamos hablando de capital colombiano llegando a sectores como:

  • construcción,
  • hotelería,
  • farmacéutica,
  • zonas francas,
  • servicios,
  • turismo,
  • infraestructura,
  • logística,
  • manufactura.

Porque cuando un país es estable, el capital llega.Y cuando un país es inestable, no importa el sector donde inviertas… el riesgo termina contaminando todo.

Por eso hoy vemos empresas y grupos empresariales colombianos y regionales fortaleciendo operaciones o invirtiendo en República Dominicana.

Y los ejemplos concretos no faltan.

Empresas colombianas llevan décadas construyendo presencia en República Dominicana. Algunas llegaron antes de que nadie hablara de esto. Otras están llegando ahora mismo.

Quala llegó en agosto de 1998. Fue su primera experiencia de internacionalización como grupo. Hoy es líder en varias categorías de consumo masivo y opera con marcas que dominan los hogares dominicanos.

Grupo Familia lanzó su marca Nosotras en el mercado dominicano en 1995. En 1999 adquirió participación en su operación local. Hoy tiene planta de producción propia en San Cristóbal y opera con marcas como Familia, Pequeñín y TENA en todo el país.

Cementos Argos llegó en 1996. En 2009 adquirió el 80% de Cementos Colón —una de las principales cementeras del país— por más de 157 millones de dólares. En 2012 compró activos adicionales de Hormigones Antillas. Hoy opera como Argos Dominicana con más de 28 años en el mercado, y es referente en cemento, concreto y agregados a nivel nacional.

Grupo Nutresa identificó la oportunidad en 2011 y adquirió el 81% de Helados Bon por 38.7 millones de dólares. Hoy Bon tiene cerca de 380 puntos de venta, domina gran parte del mercado de helados dominicano y exporta al Caribe y otros mercados internacionales.

Eso son adquisiciones.Compras estratégicas de empresas dominicanas por parte de capital colombiano.

Porque quien llega con visión no solamente abre una oficina:

Compra activos.Construye posición.Genera valor local.

Pero el capital colombiano no solamente llegó hace décadas.

Está llegando ahora.

Cobre, fintech colombiana de pagos corporativos, entró al mercado dominicano en 2025 con una plataforma que procesa millones de transacciones transfronterizas al año.

Dapper, startup de inteligencia regulatoria con inteligencia artificial, también se expandió a República Dominicana en 2025, trabajando con clientes regionales de alto nivel.

Y Action Black, la cadena de gimnasios boutique nacida en Medellín, confirmó su apertura en Santo Domingo como parte de una expansión regional multimillonaria.

Moda.Farmacéutica.Tecnología.Alimentos.Construcción.Fitness.

Sectores distintos.Momentos distintos.Pero una misma lectura:

República Dominicana es un mercado que los empresarios colombianos con visión llevan décadas eligiendo.

No por moda.No por cercanía.Sino porque los números respaldan la decisión.

Y los que llegaron primero…hoy están cosechando lo que sembraron.

Porque la República Dominicana se ha convertido en uno de los grandes hubs de inversión del Caribe.

Y no por suerte.No por moda.No por casualidad.

Sino por estabilidad.

El Estado dominicano —y no hablo de un gobierno específico, sino del Estado en sentido general— entendió hace muchos años la importancia de atraer capital extranjero.

Y creó mecanismos fiscales y financieros sumamente agresivos para facilitar la inversión internacional.

Uno de los ejemplos más importantes es la Ley CONFOTUR 158-01.

Una ley que permite a inversionistas locales y extranjeros que compren propiedades turísticas acogidas a CONFOTUR obtener beneficios como:

  • exención del impuesto de transferencia,
  • exoneración del impuesto al patrimonio inmobiliario (IPI),
  • incentivos fiscales por hasta 15 años.

Y solamente el impacto financiero de esas exenciones ya representa una rentabilidad importante para cualquier inversionista.

Es por eso que Noval Properties, una de las empresas más importantes de construcción turística en República Dominicana, entendió que existía una oportunidad extraordinaria para el inversionista colombiano.

La visión era simple:

Permitirle a los colombianos diversificar su patrimonio.Generar ingresos en dólares.Acceder a beneficios fiscales legales.Y construir activos seguros a menos de tres horas de su país.

Porque la conversación nunca fue abandonar Colombia.

La conversación siempre fue construir opciones.

Pero además hay otro dato todavía más poderoso.

República Dominicana tiene aproximadamente 11 millones de habitantes…y recibe más de 11 millones de turistas al año.

Muy pocos países del mundo reciben una cantidad de turistas equivalente al 100% de su población.

Eso significa una cosa:

Existe una demanda cautiva y creciente de alojamiento.

Y gran parte de esa demanda ya no se queda solamente en hoteles.

Hoy miles de turistas prefieren hospedarse en propiedades vacacionales, apartamentos turísticos y modelos tipo Airbnb, generando ingresos constantes para quienes invierten inteligentemente en bienes raíces de rentas cortas.

Y si queremos aterrizar esto específicamente al mercado colombiano, el dato es todavía más interesante.

Solo en 2025, República Dominicana recibió cerca de 500 mil turistas colombianos.

Colombia ya representa uno de los mercados emisores de turistas más importantes para el país y uno de los que más rápido está creciendo.

A eso súmale algo fundamental:

Más de 11 vuelos diarios conectan a Colombia con República Dominicana.

Y muchos de esos boletos ida y vuelta cuestan entre 300 y 400 dólares.

Es cerca.Es accesible.Es práctico.

Entonces la pregunta es inevitable:

¿Por qué preocuparte cuando el dólar sube…si puedes construir ingresos en dólares?

¿Por qué gastar toda tu vida en pesos…sin tener activos dolarizados?

Un colombiano puede abrir una cuenta bancaria en dólares en República Dominicana con relativa facilidad y comenzar a recibir ingresos dolarizados provenientes de alquileres turísticos o inversiones internacionales.

Y ahí ocurre algo interesante:

Cuando el dólar sube, en vez de sufrir…te beneficias.

Ese fue el mensaje que quise transmitirle a Colombia.

Porque no podemos vivir preocupados por aquello que no depende completamente de nosotros.

Tú puedes votar.Puedes participar políticamente.Puedes defender tus ideales.

Pero ningún gobierno te garantiza estabilidad absoluta.

Lo que sí depende de ti es cómo reaccionas.Cómo te preparas.Cómo diversificas.Cómo construyes opciones.

Y los más de 1,500 millones de dólares invertidos desde Colombia hacia República Dominicana demuestran que muchísimas personas entendieron exactamente lo mismo.

Porque al final, las crisis destruyen a quien solamente mira el miedo… pero muchas veces premian a quien logra ver el futuro antes que los demás.

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